El Rumor

Virgilio, Eneida, IV, 173-195

Extemplo Libyae magnas it Fama per urbes,
Fama, malum qua non aliud uelocius ullum:
mobilitate uiget uirisque adquirit eundo;               175
parua metu primo, mox sese attollit in auras
ingrediturque solo et caput inter nubila condit.
illam Terra parens ira inritata deorum
extremam, ut perhibent, Coeo Enceladoque sororem
progenuit pedibus celerem et pernicibus alis,               180
monstrum horrendum, ingens, cui quot sunt corpore plumae,
tot uigiles oculi subter (mirabile dictu),
tot linguae, totidem ora sonant, tot subrigit auris.
nocte uolat caeli medio terraeque per umbram
stridens, nec dulci declinat lumina somno;               185
luce sedet custos aut summi culmine tecti
turribus aut altis, et magnas territat urbes,
tam ficti prauique tenax quam nuntia ueri.
haec tum multiplici populos sermone replebat
gaudens, et pariter facta atque infecta canebat:               190
uenisse Aenean Troiano sanguine cretum,
cui se pulchra uiro dignetur iungere Dido;
nunc hiemem inter se luxu, quam longa, fouere
regnorum immemores turpique cupidine captos.
haec passim dea foeda uirum diffundit in ora.               195

En seguida el Rumor va por las grandes ciudades de Libia, el Rumor, ningún otro mal es más rápido: cobra vigor al moverse y aumenta sus fuerzas a medida que circula; primero pequeño por miedo,  pronto se eleva a los aires, anda majestuosamente por el suelo y esconde entre las nubes su cabeza. La Tierra, su madre, irritada por la cólera de los dioses, lo engendró, se dice, como hermano pequeño de Ceo y de Encélado. Rápido con sus pies y con sus infatigables alas, monstruo horroroso, gigantesco, tantas plumas tiene en su cuerpo como ojos vigilantes debajo de ellas (oh prodigio), tantas lenguas, tantas bocas que hablan, tantas orejas que se levantan. Por la noche vuela entre tierra y cielo silbando por la sombra, y no cierra los ojos con un dulce sueño; por el día se sitúa como centinela en la cima de un techo o en las altas torres y aterroriza a las grandes ciudades, mensajero tenaz tanto del error y de la mentira como de la verdad. El se complace  ahora en llenar los pueblos de rumores múltiples y en exponer de igual modo lo que había tenido lugar y lo que no: que había llegado Eneas, de ascendencia troyana, que la bella Dido se digna unirse a este marido, y que al presente, durante el largo invierno, se miman el uno al otro con desenfreno, sin acordarse de su reino y prisioneros de una pasión vergonzosa.

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