Ambarvalia

Suovetaurilia

(De ambio, dar vuelta y arvum, campo)
Era una fiesta romana de purificación de los campos, en la que se llevaba a cabo un rito de  fertilidad, consistente en dar tres vueltas a los límites de  lus campos en procesión, llevando a un buey, un cordero y un cerdo (suovetaurilia), para posteriormente sacrificarlos a los dioses.
Estas fiestas eran de dos clases, privadas y públicas. Las privadas eran solemnizadas por los jefes de familias, acompañados por sus hijos y sirvientes; las públicas se celebraban en los límites de la ciudad y en ellas, doce “Fratres Arvales” caminaban a la cabeza de una procesión de ciudadanos.

Virgilio, Georgicas, I, 338-350
in primis uenerare deos, atque annua magnae
sacra refer Cereri laetis operatus in herbis
extremae sub casum hiemis, iam uere sereno.
tum pingues agni et tum mollissima uina,
tum somni dulces densaeque in montibus umbrae.
cuncta tibi Cererem pubes agrestis adoret:
cui tu lacte fauos et miti dilue Baccho,
terque nouas circum felix eat hostia fruges,
omnis quam chorus et socii comitentur ouantes
et Cererem clamore uocent in tecta; neque ante
falcem maturis quisquam supponat aristis
quam Cereri torta redimitus tempora quercu
det motus incompositos et carmina dicat.

Pero ante todo, honra a los dioses y ofrece a la gran Ceres los sacrificios anuales, oficiando la ceremonia  sobre un lozano prado, justo en el ocaso del invierno, cuando ya es serena prima­vera. En ese tiempo están gordos los corderos y los vinos son muy suaves, dulce el sueño y tupida la sombra de los montes. Toda la juventud campesina debe rendir a tu lado culto a Ce­res, en su honor has de fundir panales de miel en leche y vino dulce; que dé tres vueltas en torno a las nuevas mieses la víctima propiciatoria, que la siga en procesión todo el coro de tus compañeros en fiesta pidiendo a gritos a la diosa que entre en sus hogares; y que nadie meta la hoz a las espigas maduras hasta haber ejecutado en honor de Ceres unos sencillos movi­mientos de danza y haber recitado los cánticos rituales con  las sienes ceñidas por una corona de encina.

(Traducción de Jaime Velázquez)

Tibulo, Elegías, II 1
Quisquis adest, faueat: fruges lustramus et agros
ritus ut a prisco traditus extat auo.
Bacche, ueni, dulcisque tuis e cornibus uua
pendeat, et spicis tempora cinge, Ceres.
luce sacra requiescat humus, requiescat arator
et graue suspenso uomere cesset opus.
soluite uincla iugis: nunc ad praesepia debent
plena coronato stare boues capite.
omnia sint operata deo: non audeat ulla
lanificam pensis imposuisse manum.
uos quoque abesse procul iubeo, discedat ab aris,
cui tulit hesterna gaudia nocte Venus.
casta placent superis: pura cum ueste uenite
et manibus puris sumite fontis aquam.
cernite, fulgentes ut eat sacer agnus ad aras
uinctaque post olea candida turba comas.
di patrii, purgamus agros, purgamus agrestes:
uos mala de nostris pellite limitibus,
neu seges eludat messem fallacibus herbis
neu timeat celeres tardior agna lupos.

Que todos los presentes guarden silencio: purificamos las cosechas y los campos, según las exigencias de un rito transmitido por un antiguo antepasado. Baco, ven, y que de tus cuernos cuelguen dulces racimos de uva; ciñe también de espigas tus sienes, Ceres. En este día sagrado, que se descanse la tierra, que se descanse el labrador, y, levantado el arado, cese el penoso trabajo. Quitad las cadenas a los yugos: hoy los bueyes deben tenerse en pie, con la cabeza coronada, cerca de los establos llenos. Que todo sea al servicio del dios; que ninguna hilandera se atreva a ponerse mano a la obra. Vosotros manteneos a distancia, os lo ordeno, alejaos del altar aquellos a quienes Venus colmó de gozo la noche anterior. La castidad agrada a los dioses: venid con vestidos puros y tomad el agua de la fuente con manos puras. Ved, como el cordero sagrado marcha hacia los altares brillantes y,  detrás de él, la multitud resplandeciente, con los cabellos coronados de olivo. Dioses de nuestros padres, nosotros purificamos los campos, nosotros purificamos los campesinos; vosotros, expulsad las desgracias de nuestras casas, y que el campo sembrado no eche a perder la cosecha por unos brotes engañosos y que el cordero que se ha retardado un poco no tema a los rápidos lobos.

Virgilio, Bucólicas, V, 74-80
Haec tibi semper erunt, et cum sollemnia uota
reddemus Nymphis, et cum lustrabimus agros.
Dum iuga montis aper, fluuios dum piscis amabit,
dumque thymo pascentur apes, dum rore cicadae,
semper honos nomenque tuom laudesque manebunt.
Vt Baccho Cererique, tibi sic uota quotannis
agricolae facient: damnabis tu quoque uotis.

Estos honores siempre  te serán rendidos, tanto cuando cumplamos nuestras solemnes promesas con las Ninfas, como cuando purifiquemos los campos. Mientras que el jabalí se complazca en lo alto de las montañas y el pez en el río, mientras que las abejas se alimenten de tomillo y las cigarras del rocío, subsistirán tu culto, tu nombre y tus alabanzas. Como a Baco y a Ceres, a ti cada año los agricultores harán sus promesas, y tú les obligarás a cumplirlas.

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